miércoles, febrero 03, 2010

Un tiempo después...
Arístides se tapa los oídos, no le gusta como suenan muchas cosas en el mundo. Prefiere imaginar otros sonidos posibles.
Maqroll le pide que deje de pensar en sonidos, que piense en lo que ve, en lo que sabe que ve. Don Checo lo mira como si lo comprediera y vigila su sueño y intenta aliar una esquina lisa a un campo rugoso y la vista le duele de lo liso, y nada tiene textura, extraña la textura de que da la conciencia. La textura de los abrazos, nadie abraza a Arístedes, pero sueña que abraza y eso es lo que ve, con sus ojos cerrados.
Ya va partir el barco. No hay esquinas en el mar, sólo puertos soñados.

jueves, marzo 12, 2009

Dia x


Este viaje que son todos los viajes me llevan a todos los luegares que se son el mismo en distintos códigos que decimos idiomas. Dos días en aeropuertos, ahora en cualquier lugar: digamos Amsterdam, aunque puede que sea Bruselas, o Cochabamba, y puede que sea mañana, y no hoy. Estoy sin ganas de pagar 3 euros por servicio de Internet. Prefiero volver a refugiarme en ser Arístides, y tener 18 años o tal vez 19, es decir 28, y ser una roca, y aunque sea pretendido como pertenencia de alguna gente, estar aquí sin pertenecer a nadie pero buscando pertenecer a todos.

Esta tarde en una par de horas estaré de vuelta en eso que por ahora llamo casa, pero es también una casa de paso, aunque en el timbre se lea mi nombre (Mastropiero, El Otro 3er piso). En esa casa de hace un año y medio y que sigue, y me aloja y me calienta pese a su frío. Con amigos que son los mismos con otras caras y con otros lenguajes, pero son los mismos aunque se llaman distinto. Todos somos la repetición sistemática de otras vidas. Yo también, digo lo mismo y pienso lo mismo que muchos que no sé su nombre, que viven y que vivieron. Que estuvieron y están ahora y en todas las épocas, hace 10 años, hace 20, hace 300. y 2000. Lo mismo esta computadora, y esa piedra, y todas las computadoras y todas las piedras, menos dolor pero más estrés, ¿cuál duele más?

¿Hacia dónde voy?, espero protección. Siento que ahora estoy más listo de espíritu, que mi energía al fin está recuperada, eso ya es algo. Creo que durante muchos meses o quizás más de un año no había sido así, ya es algo. Con eso debería hacer algo, volver a sentirme vivo y dueño de mi destino. Espero seguir aquí, pensar en seguir aquí. Dia X, como aquel Primer día de marzo hace 10 años, estaba aquí, y ahora estoy allá, en esa salita y con ese CPU, en este mismo documento que es una continuación que sigue y quiere seguir.

viernes, febrero 29, 2008

Sumergirse


Sumergirse. Paf, nos entregamos bajo el agua a existir y olvidar la gravedad. Paf, olvidarnos de la ausencia de Amatilde que se sigue difuminando y a quien sólo hemos visto en sueños, pero la sentimos presente en el momento de sumergirnos y olvidar la gravedad. Y el sonido se vuelve acuoso, semi sordo, inequívoco tranquilo.
Volvemos, como siempre enfermos de idealizar, y por la misma razón sanos en nuestra enfermedad. Sin renuciar un milímetro a lo anhelado, y disfrutando lo que se sostiene, y lo que no también, a través de las proyecciones.
Abrimos los ojos en la trasparencia de este mar en que nadamos, la embarcación sola, el viajero que no encuentra a Amatilde, tal vez alguna vez ya la dejó pasar en su inutilidad de dejarla pasar, en la íntima convicción de desear que se quede pero sólo por su gusto. Pero tal vez, todo tal vez. Amatilde no ha aparecido hoy, ni ayer. Pero sacamos del agua la cabeza y los sonidos vuelven, y nadamos unas cuantas vueltas alrededor de la embarcación. Arístides vuelves me digo a mi mismo.

martes, noviembre 20, 2007

Nutrición


Dice Diego Alatriste y Tenorio según lo acuña Perez Reverte: “La amistad se nutre de rondas de vino, estocadas hombro con hombro y silencios oportunos.
Y luego agrega dándole voz a Don Francisco de Quevedo:
"No queda sino batirse"


Y en ese discurso el relato de los hasta ahora 6 libros de las aventuras del Capitán Alatriste discurre en un sin fin de cuchilladas, desconfianzas e inconsciencias. Matando por un rey al que no necesariamente estiman pero por el que todos mueren, matando a conciencia pero con muy poco cargo de conciencia a inocentes igual que a bellacos.

Y nos sumergimos en un universo que parece salido del tiempo, de la norma, de la tolerancia y sin embargo rescata con gran belleza y mucha ternura dura el valor de la complicidad, sobre todo la complicidad silenciosa a través de los años. Quizás es eso lo que Arístides piensa y discurre ahora en este su nuevo retiro de su sociedad, de su entorno. Piensa en rescatar aquello, en seleccionar con couidado esa complicidad y en guardarla con honor inventado y tonto hasta las últimas consecuencias, batirse por ello como una ebriedad sorda de las cuatro de la mañana, batirse maquinalmente y difuminarse y permanecer gracias a aquello.
Se queda sentado cada tarde, mira su entorno, sus encuentros esporádicos con conocidos y amigos y gente querida, su constante retorno casi obstinado a su retiro a este retiro y duerme tan profundo como en los días líquidos del vientre. Vuelve a despachar cartas verdes preparando el avance de la historia y la presunta despedida definitiva de su historia de amor que nunca acabó por serlo. Y con metódico desorden escribe varias líneas a la semana.
Y reposa mucho y se toma un café en la mañana mientras ve y hojea digitalmente las noticias por la mañana, con los pelos de punta (por desordenadamente parados), y se resguardo con gusto del frío de esta ciudad a la que descubre de pequeños trozos y casi sin interés, pero cada vez con más comodidad.
Luego calla y piensa en batirse por las empresas personales y por los silencios compartidos. Adora estar en silencio junto a los amigos, adora no decir nada y entenderse con la otra persona. El silencio oportuno de Alatriste, y la ebriedad de las complicidades lo toman contento, suspendido en un espacio en el que no llega a contar hasta 4 porque su mente discurre en calma. Tomar la vida con sonrisa irónica, y beberse otro café.

domingo, octubre 29, 2006

Pequeña frase de Maqroll



Dice Maqroll el Gaviero en sus memorias:
"Saber que nadie escucha a nadie. Nadie sabe nada de nadie. Que la palabra, ya en sí, es un engaño, una trampa que encubre, disfraza y sepulta el precario edificio de nuestros sueños y verdades, todos señalados por el signo de lo incomunicable".
Pero luego agrega:
"La nostalgia es la mentira gracias a la cual nos acercamos más pronto a la muerte"

Arístides lo sigue pensando. Amatilde sigue lejos en una playa, en noche cuando es día. Siendo Fado, siendo As Time Goes By, siendo la voz de Amalia Rodriguez y Misia y Madredeus. Amatilde echada en esa playa lejana, en esa isla y en ese mundo paralelo.
Arístides, el otro Mastropiero, piensa en El Gaviero, en que él también tiene esas ganas de siempre partir y aveces queda preso entre montañas; lejos incluso de los ríos que debería comunicarlo de laguna manera con ella. Juntar unas lianas, amarrarlas y hacer una embarcación. A algún lugar debe llevar ese riachuelo que pasa por la puerta de su casa, que no permite nadar, que es mugre, que es jabón de lavaderos de auto, que es huevos de sapos, y es una delgada línea de agua suplicante que sin embargo debe comunicar de alguna manera con algún río navegable y mucho despúes con el mar; y entonces la promesa del abrazo de ella que existe, que no es una voz al teléfono en breves charlas que duran minutos en la inmensidad de las horas del mes, otro océano.
En esa isla ella se queda. Y Mastropiero, el Otro, está entre montañas, pensando en partir, pensando en las casi últimas palabras de Maqroll el Gaviero antes de su partida definitiva.
La esperanza siempre es el mar.

jueves, octubre 12, 2006

Marías Javier, El Testigo



Dos obsesiones del escritor

En el último año Javier Marías ha sacado a la luz dos libros de artículos, el segundo de ellos El oficio de oír llover ha sido celebrado por su sátira y compromiso político.
Ésta es una aproximación a tres novelas que han elevado a grado de referente al escritor madrileño.

“No creo que la realidad sea más difícil pero sí es cierto que la ficción ayuda a sobrellevar la realidad” le había dicho Javier Marías a Woody Allen durante un encuentro hace unos años en Paris. “Hay que imaginarla (la realidad), de lo contrario nunca llegas a vivirla del todo. Hay que pensarla, convertirla en un relato”, concluía el escritor.
El buscar una lógica y una trama a casi cualquier cotidianidad de la vida han convertido a este escritor en uno de los más, sino el más, representativo de España en la actualidad. Su prosa es fina, elegante y clara. Sus libros placen a eruditos y no tanto. Por supuesto que tiene enemigos, y lo detestan a muerte. En Cochabamba he conversado con un escritor quien dice que Todas las Almas es el peor libro de la historia, porque no hay una trama en la que pase algo, porque no se cuenta nada en realidad. Quien dice esto admite, sin embargo, que está magníficamente escrito. Marías, como un jinete del Apocalipsis que llega al galope, cuando ya la literatura no tiene nada que contar.

Lo que cuenta Marías

Marías tiene varias obsesiones literarias y temáticas que se repiten a lo largo de su obra. Muchas de ellas son de corte filosófico. Tomamos dos que están entre las más importantes.

Primera obsesión: El olvido

En algún momento Marías decidió dar dimensiones al tiempo, un rostro, un cuerpo. Según esta idea, en el día a día, nosotros sólo somos capaces de ver al tiempo de frente y no su espalda, él decide intentar ver esa espalda. Tiene una novela entera dedicada al tema: Negra espalda del tiempo. En ella, la espalda del tiempo es paradójica pues es inamovible, es un tiempo oscuro que nadie lo puede ver. Ingresar, pasar a la negra espalda del tiempo es aún más terrible que la muerte, es afiliarse en el olvido, es algo muy cercano a nunca haber existido, pese a que se pasó por el mundo. En la Negra espalda, la novela, Marías sólo empieza con esta idea y a partir de ella se dedica a tratar de reconstruir acontecimientos, vidas de personas que existieron, pero nadie los recuerda. Es una prosa que se cuestiona profundamente el olvido y la inútil lucha humana que se le antepone. El protagonista de la novela olvida el rostro de la mujer con la que vivió tres años. Sólo recuerda que tenía una cicatriz en el muslo. Lucha con su memoria por recordar la cara y no lo consigue, y esos tres años que vivió con ella no fueron bastante para guardar el recuerdo de ese rostro muchos años después. Pero el olvido expuesto por Marías es mucho más totalitario, lo invade todo, no distingue lo justo de lo injusto, la sociedad olvida todo y la sociedad también será olvidada.

La Negra espalda del tiempo seguirá siendo abordada en posteriores novelas de Marías. La mejor de todas ellas es sin duda Mañana en la batalla piensa en mí, cuyo argumento comienza con un hombre que está a punto de tener una aventura con una mujer casada que acaba de conocer. Cuando comienza a desvestirla, la mujer muere en sus brazos. El hombre conocerá a la mujer luego de muerta y la reconstruirá por pedazos, tratará nuevamente de salvarla del olvido.

En la que es, hasta el momento, su última novela Tu rostro mañana Marías invierte el papel. Debe reconstruir, en base a fragmentos del presente, el futuro de lo personajes, predecir lo que van a hacer mañana. La novela está comprendida de dos tomos hasta ahora, pero al parecer habrá un tercero.

Segunda obsesión: Etimología, estilo y ritmo

Marías es un amante de la etimología. Esto se denuncia constantemente en sus novelas. En Tu rostro mañana, por ejemplo, gran parte de la trama ocurre en Inglaterra y el narrador, que es español, en algún momento se encuentra con expresiones de su idioma que no puede traducir al inglés y extraña no poder hacerlo. Mas tarde se encuentra con palabras en inglés que no puede traducir al español y termina expresándolas en inglés. Sufre la imposibilidad de traducción, siente nostalgia de la otra lengua mientras no la habla. Los personajes de Marías suelen ser intelectuales, a los que no siempre parece valerles esa condición. El ritmo de sus narraciones no depende de la acción, las explosiones, las traiciones. Depende de los personajes y sus descubrimientos mínimos, paranoias y obsesiones. Son estas acciones que muchas veces sólo pasan en la imaginación de sus protagonistas las que crean el ritmo. Esto destruye la narrativa pendiente de la acción y crea el estilo Marías. En Tu rostro mañana confiesa abiertamente en las primeras líneas de la novela: No debería uno nunca contar nada, ni dar datos ni aportar historias (…) Contar es casi siempre un regalo (…) un vínculo y es otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona”

Marías admite con cierto pesimismo: El mundo depende de sus relatores porque uno no controla. La realidad suele ser traicionada al contarla, es imposible no hacerlo. Se toma siempre la opción no verdadera del acontecimiento, sino la que aparenta conveniencia.

jueves, abril 20, 2006

Con Martita y Jimmy


Sueño casi cada noche con La Bada Los Inmortales. Tocan cuecas siempre en mis sueños. Hace como dos meses que he instalado a fuerza de insistencia en Montpellier a El Cacho, por lo menos entre el pequeño grupo de amigotes que me rodean, chicos y chicas de varias nacionalidades, la ala latina es la que predomina: Italia España y Sudamérica.
Todo esta obsesión de las noches de cacho de martes y sábado entre alcoholes y grandes y palos y dados que vuelan, y más palos, sólo con un objetivo; descubrir qué es lo que facina del Cacho a toda una ciudad. Yo he sido un jugador pasivo del Cacho durante muchos años en Cochabamba, y ha sido en esta estancia de un año académico en Francia, con tiempo abundante para el oscio que he venido a convertirme en jugador nato de Cacho. Pero no ha sido por simple vicio y deseo de cerveza. Soy aún más egoísta que eso para motivarme a meterme entre grandes, escaleras de mano, borres, sobre fulls de huevo y La Paz La Paz.
Mis razones responden a poder comprender un poco más a tres personas especiales que me han acompañado durante los dos últimos meses: Jimmy, Martita y Ausberto. Los tres personajes de una narración corta que he trabajado con entusiasmo por momentos, y también decepción. Me cae muy bien sobre todo Jimmy, un cholito que va a hacer sus estudios universitarios a Cochabamba. Tiene una sonrisa impresa, inborrable, me hace mucho recuerdo a un muchacho de Arbieto que me presentó mi amigo Leo hace un par de años o más. Buen jugador de fútbol, agudísimo de inteligencia, así también es Jimmy que se enamora de Martita, enorme y hermosa valluna originaria de Aiquile, aiqulieña.
El cacho entra porque es Ausberto quien traba relación con la pareja, en especial con Jimmy. Trato de comprender qué es lo que atrae a Ausberto de Jimmy y pienso que al final es solamente las ganas de no sentirse solo. Su excusa siempre es El Cacho, es fácil de proponer, sobre todo en bares y restaurantes.
Tal vez Don Ausberto es el verdadero personaje de la historia, aunque definitivamente es él el que cuenta la historia de amor entre Martita y Jimmy.
Hace un par de semanas he terminado el esqueleto de esta histria con una sensación de satisfacción. Con los días he seguido sintiendo la presencia de los tres. He imaginado escenas para nada tocadas, como el autoexilio de Jimmy en EEUU durante dos años y medio. Me he preguntado por si realmente se desesperó por volver alguna vez, siento que no. Fue Martita la que siempre se desesperó porque vuelva.
Es Ausberto a quien ahora parece iluminar la escena ante la desaparición de sus amigos. Sobre todo la relación de Ausberto con la soledad. Trato de imaginar el día que finalmente Ausberto deja Cochabamba y se va a vivir a Mizque. La sucesión de acciones, casi automáticas que lo llevan a tomar un bus atestado de olores a almuerzos grasos. Se va con muy poco. Encima del bus paga para llevar su cama de Plaza y media. Ausberto tiene que relacionarse con una soledad a la que finalmente no puede resistir. Tiene un doble discurso, por un lado desea siempre la compañía y es un charlador de primera, sobre todo en una mesa de Cacho y cervezas. Pero cuando tiene que compartir su cama prefiere la amplitud, los brazos abiertos, el ronquido franco, la garganta seca. Ausberto es interesante por su tedio, y es eso lo que trato de descubrir, su tedio, su cansancio de la rutina, su poca resistencia a la misma, o tal vez, su derrotada pero aún agonizante resistencia a la rutina, a la soledad. Busca compañera, pero es torpe y se aburre, tras pocas horas de compañía.
Sin envargo se siente cómodo con Jimmy y Martita, no sé por qué, en su descargo supongo que es porque Jimmy y Martita tiene presencias livianas, que no molestan. Personas que no responden si no preguntan, que sonrién y entretienen aunque uno no hable, que sientes que te quieren sin que te lo digan, que te hacen caso, pareciendo que realmente les gusta lo que tu haces. Jimmy y Martita son presencias buenas, tal vez demasiado, por eso son fugaces también, un poco inmateriales y fácilmente desaparecibles.

Otra escena que no sé si útil pero que me encataría describir, es a Los Inmortales, esos otros testigos (ignorantes de tal condición), de la historia entre Martita y Jimmy, y luego cotidianos alqulidos de Ausberto, la escena no sé ni donde pasa ni qué pasa. Eso es lo que quiero saber, de qué hablan Los Inmortales, siempre estan mudos, tocando Cuecas, o algún vals. Sólo se expresan con sus intrumentos, están mudos y quizás así tienen que quedarse, creo que sí.

He estado trabajando en varios cuentos creo de calidad mediana en estos 8 meses. Mi principal proyecto y obsesción éste de Martita y Jimmy, voy a ncesesitar concejos en mis inseguridades, voy a necesitar que me destruyan con cariño y honestidad. Espero puedan hacerlo, pienso en Leo de la Torre, en Roquito, en los hermanos Paz Soldán si no es mucho molestarlos, y es que odio tanto molestar. Pienso en mi criticón Crispín, a veces demasiado adulador y poco franco, tiene un sentido crítico que puede ser muy honesto, pero cuando te quiere es demasiado bueno, veremos que convine un poco esas dos cosas conmigo. Pienso en mi compadre Rodri Antezana, quien considero aue es la honestidad encarnada, pese a sus preconceptos difíciles de repensarlos para él mismo.
Veremos, ya se acerca la hora del regreso. Ya los abrazaré pronto